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Sólo he amado a un hombre en mi vida, y eres T�.
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CARLOS FUENTES La silla del �guila
Posdata: No te aventures en el mar de Mocambo. Hay mu-
chos tiburones en la costa y las redes colocadas a unos metros
de la playa a veces tienen hoyos. �Te pueden dar un susto! Re-
cuerda que lo bueno del tiburón es que no puede dejar de mo-
verse. Si se detiene, se va al fondo del mar y all� muere. �Sue-
�a el tiburón en movimiento? Qu� lindo enigma, amor. T� nada
m�s no camines por la playa. No es de arena. Es de lodo. Esp�-
rame con los pies limpios. Y arrójale la carta a los tiburones. Si
se la comen, aprender�n algo. Aprender�n a amar. �Sabes que
sólo cogen una vez en sus tristes vidas?
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Xavier Zaragoza "S�neca" a Presidente Lorenzo Ter�n
Con cu�nto dolor, se�or Presidente, reviso el calendario de
nuestra relación y me doy cuenta de que he sido el t�bano que
le criticó su inmovilismo. Un rey sentado en un trono sin mo-
verse, creyendo que as� aseguraba la paz del reino. Si mov�a la
cabeza a la izquierda, predec�a guerra y muerte. Si la mov�a a
la derecha, pronosticaba libertad y bienestar, anhelados aunque
utópicos.
Y ahora, encamado, como lo acabo de ver, como me permi-
tió usted verlo, consumido, mi amigo, ahora sólo mi amigo,
querido amigo, hombre bueno y honesto, Presidente animado
por el amor al pueblo, ahora que lo veo agonizando entiendo
mejor que nunca que un Presidente no hace ni se hace. Es un
producto de la ilusión nacional  o de la alucinación colectiva .
Alguna vez le dije,
 Menos gloria, se�or, y m�s libertad.
�Qu� terrible, qu� cruel es la pol�tica, porque al desaparecer
usted no pasar�n muchos d�as sin que pierda su gloria y noso-
tros nuestra libertad! Se�or Presidente, deja usted irresuelta su
propia sucesión. �Qu� se puede hacer para que el nuevo Presi-
dente sea un hombre semejante a usted, un pol�tico decente
como Bernal Herrera, y no un pillo como De la Canal?
�Qu� huecas, qu� melancólicas, mi querido Presidente y
amigo, me suenan hoy mis primeras recomendaciones!:
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CARLOS FUENTES La silla del �guila
 Aproveche el periodo de gracia al asumir la Presidencia.
Las lunas de miel son muy cortas. Los bonos democr�ticos se
deval�an de la noche a la ma�ana.
 El primer requisito para ejercer el poder, se�or Presidente,
consiste en ignorar la inmensidad del puesto.
 La Presidencia es como el sistema solar. Usted es el sol y
los secretarios de Estado son sat�lites. Pero ni usted es Dios, ni
ellos son �ngeles.
 La pol�tica  le dije entonces no es el arte de lo posible. Es
el grafito de lo impredecible. Es el garabato de la fatalidad.
�Mi pobre Presidente! Jaloneado durante tres a�os por el
pragmatismo de Herrera, el servilismo de T�cito y el idealismo
de "S�neca"! �Qu� le dir�a yo a usted hoy si hoy fuese su pri-
mer d�a sentado en la Silla del �guila? Le repetir�a, no para
exorcizarlas, sino para saberlas aprovechar o evitar, las carac-
ter�sticas m�s entra�ables de nuestra dictablanda tradicional:
 No hay que temerle a la pasividad de un Presidente, sino a
su actividad desenfrenada.
Con usted ha sido lo contrario. M�s suspicacia provocó su
pasividad que su actividad. Acaso siente hoy la tentación su-
prema del poder. Ser un l�der que organice nuestras energ�as
nacionales y nos someta a la voluptuosa pasividad de la obe-
diencia total.
Es lo m�s f�cil.
Es lo m�s cómodo.
Pero es lo m�s peligroso. Y ese peligro usted lo evitó, mi
querido, querid�simo se�or Presidente. Un d�a me dijo:
 Creen que me enga�an d�ndome a leer informes largos.
Creen que sufro de letargia, como si me hubiera picado la mos-
ca ts� ts�. Falso. Leo de noche y lo s� todo. Los he enga�ado.
Duermo tranquilo.
S�, pero la imagen de pasividad que dejó usted puede ser
malinterpretada ahora; la gente puede clamar por un Presiden-
te hiperactivo porque la autoridad puede cambiar de rostro de
un d�a para otro (piense en las sucesiones del siglo pasado, de
Madero hasta Fox) porque el p�blico se nutre de paradoja y
ama el contraste y aun la contradicción.
Gracias, mi amigo querido, se�or Presidente Lorenzo Ter�n,
por permitirme entrar a su rec�mara y verle postrado, rodeado
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CARLOS FUENTES La silla del �guila
de enfermeras, doctores, sueros, calmantes. Gracias por darme
la oportunidad de ver completa su vida.
No s� si nos volveremos a ver. S� que a nadie m�s que a su
fiel mosquito, "S�neca", le ha permitido usted entrar a esta
antesala donde el poder termina para siempre.
Adiós, se�or Presidente...
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Diputada Paulina Tardegarda a diputado On�simo Canabal
Esta te la lleva personalmente Jes�s Ricardo Magón, un jo-
ven colaborador del nuevo secretario de Gobernación, Nicol�s
Valdivia. Me r�o. Ya te veo, colorado como un betabel nom�s de
pensar que le suelto secretos a un funcionario, por subordinado [ Pobierz całość w formacie PDF ]

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