X


[ Pobierz całość w formacie PDF ]

agarró a ella y empezó a trepar.
 �He dicho que me lo devolv�is!  chilló  . �Nadie roba a Jelerak! �Ni tan siquiera una
diosa!
Deteni�ndose a medio camino de la viga, sacó la vara roja y la apuntó hacia lo alto.
 �He dicho que pares! �Devu�lvemelo!
La mano siguió retir�ndose lentamente por el orificio. Jelerak hizo un gesto y un fuego
blanco salió despedido por la punta de la vara, ba�ando el dorso de la mano que se
mov�a por el cielo.
 �Es Jelerak!  dijo Dilvish, sintiendo que su cuerpo se galvanizaba y entrando en
acción con un salto hacia adelante.
La mano se hab�a detenido y Jelerak estaba trepando nuevamente por la viga,
acerc�ndose al techo destrozado.
Dilvish llegó al borde del pozo y corrió a su alrededor.
 �Vuelve, bastardo!  gritó . �Tengo algo para ti! Ahora otra gran mano hab�a
aparecido por encima de la silueta que ascend�a a los cielos, bajando r�pidamente.
 �Exijo que me escuch�is!  gritó Jelerak, y entonces vio los dedos que se abr�an,
bajando hacia �l.
Alzó la vara y la mano quedó ba�ada en luz blanca. La vara no tuvo ning�n otro efecto
perceptible y no tardó en caer de entre sus dedos al ser agarrado Jelerak por la mano y
verse alzado hacia el cielo crepuscular, todav�a chillando y debati�ndose.
 �Es m�o!  gritó Dilvish cuando hubo llegado al final de la viga . �Le he seguido
demasiado tiempo para perderle ahora en este lugar! �Devolv�dmelo!
Pero las manos ya se hab�an perdido de vista y la figura se hab�a dado la vuelta.
Dilvish se hab�a tensado ya como si se dispusiera �l tambi�n a trepar por la viga
cuando sintió una mano sobre su brazo.
 No puedes llegar hasta �l siguiendo su mismo camino  dijo Semirama . �Qu�
deseas, la justicia o la venganza?
 �Ambas cosas!  gritó Dilvish.
 Entonces, al menos la mitad de tu deseo ha sido concedido. Se encuentra en las
manos de los Antiguos Dioses.
 �No es justo!  dijo Dilvish, con los dientes fuertemente apretados.
 �Justo?  Semirama se rió . Y t� me hablas de lo que es justo... �a m�, que acabo
de hallar la forma de mi antiguo amor justo cuando la muerte de Jelerak o la destrucción
de su voluntad est�n a punto de ponerle fin a mi existencia?
Dilvish se dio la vuelta y la miró, viendo lo que hab�a m�s all� de Semirama. Desde lo
alto les llegó una poderosa carcajada que se iba perdiendo en la distancia.
Black y Arlata acababan de entrar en la habitación. Dilvish cogió la mano de Semirama
y se dejó resbalar lentamente hasta quedar de rodillas. Oyó un repiqueteo de cascos.
 Dilvish, �qu� ocurr�a?  dijo la voz de Black . Se nos prohibió entrar en esta
habitación hasta hace apenas un instante.
Dilvish le miró, soltó la mano de Semirama y se�aló hacia el techo.
 Se ha ido. Weleand era Jelerak..., pero los Antiguos Dioses se lo han llevado.
Black lanzó un bufido.
 Sab�a quien era. Antes casi logr� acabar con �l cuando ten�a forma humana.
 �Ten�as qu�?
 El hechizo en el cual he estado trabajando desde que estuvimos en el Jard�n de
Sangre...; lo utilic� para liberarme de mi prisión bajo forma de estatua. Despu�s de que
Jelerak me hubiera congelado convirti�ndome en piedra para liberar a Arlata segu�
consciente.  Se�aló con la cabeza hacia la muchacha, que ahora estaba acerc�ndose a
ellos y luego siguió hablando .En cuanto hizo eso le reconoc� como Jelerak. Cuando
estuve libre segu� por este camino. La encontr� a ella y a su caballo y les liber� a los dos.
Tuve que poner un hechizo sobre ella para colocarla en un lugar seguro. La dej� en una
cueva de la pendiente con ciertas protecciones dispuestas sobre el lugar. Despu�s...
 Dilvish, �qui�n es esta ni�a a medio crecer?  preguntó Semirama.
Dilvish se puso en pie mientras que Arlata se apresuraba a intentar reparar los
desgarrones de su t�nica.
 Reina Semirama de Jandar  dijo Dilvish , �sta es la dama Arlata de Marinta, a la
cual encontr� en mi viaje a este lugar. Posee un sorprendente parecido con alguien a
quien conoc� bien. Ya hace mucho tiempo de eso...
 Es dif�cil que tal iron�a se me escape  dijo Semirama, sonriendo y extendiendo su
mano con la palma hacia abajo . Ni�a m�a, yo...
Su sonrisa se desvaneció y Semirama retiró bruscamente su mano, tap�ndola con la
otra.
 No...  Se dio la vuelta . �No!
Alzó las manos para cubrirse el rostro y empezó a correr hacia el pasillo del este.
 �Qu� he hecho?  preguntó Arlata . No entiendo...
 Nada  le dijo Dilvish  . Nada. �Espera aqu�!
Echó a correr hacia el pasillo por el cual hab�a empujado antes la carretilla que
conten�a a la joven. Cuando hubo llegado a �l descubrió que se hab�a convertido en una
alcoba vac�a con las paredes de estuco y una escalera de madera a la derecha que
llevaba hacia abajo. Dilvish bajó r�pidamente por ella.
Los dem�s vieron una sombra movi�ndose en lo alto y un gran brazo negro bajando.
Derkon se lanzó hacia la galer�a del norte para mirar por la ventana m�s próxima.
Hodgson le siguió, igual que hizo Arlata unos instantes despu�s. Black bajó la cabeza,
estudiando los fragmentos del techo ca�do.
Mirando por la ventana vieron la inmensa mano negra movi�ndose muy, muy despacio
hacia una de las paredes m�s alejadas de ellos. Casi pareció detenerse antes de entrar
en contacto con el muro, pero, con todo, sintieron que una vibración les rodeaba y todo el
castillo tintineó, emitiendo una sola nota, igual que si fuera una colosal campana de vidrio.
Los cielos empezaron a bailar y el suelo se estremeció ligeramente, como cambiando
de posición. Al mirar hacia arriba vieron el rostro sonriente de la silueta oscura,
desvaneci�ndose, desvaneci�ndose y, finalmente, desapareciendo.
El sol se lanzó hacia el oeste.
 �Dioses!  exclamó Derkon . �Est� empezando de nuevo! [ Pobierz całość w formacie PDF ]

  • zanotowane.pl
  • doc.pisz.pl
  • pdf.pisz.pl
  • gim1chojnice.keep.pl